La ética en las reconstrucciones visuales: Análisis de los gráficos impresos y multimedia del 11-M


· Analizar o ilustrar según el contexto informativo
· La perspectiva ética
· Los escenarios y la secuencia
· La organización y los recursos
· Los gráficos como fuente documental
· Bibliografía
La perspectiva ética
· ¿Por qué nos cuestionamos constantemente?
Los gráficos que funcionan como reconstrucciones visuales se ven enfrentados con mucha más frecuencia, en la práctica, a cuestiones éticas que otras formas de periodismo; entre otros motivos por sus características de producción, por la cantidad de recursos necesarios para su factura y lo relativo de sus convenciones –como la gramática, la sintaxis o la ortografía de los textos-. La reflexión sin embargo se muestra tan lógica como obvia [2]: “La creación periodística ha de basarse en hechos reales. Lo contrario es especulación o creación literaria (en este caso visual), ficción. La realidad es uno de los límites que enmarca la información. Respetar este principio va parejo con la primera ética personal.” (De Pablos 1999, 88). Al fin y al cabo, informar es construir una realidad, dar formar, a partir de un código, a un segmento de lo real (González Requena, 1989, ...). Y es que los “infografistas tienen la misma responsabilidad de rigor que cualquier otro informador” (Glen Stovall 1997, 89).
Tal hincapié en el cuidado informativo de los gráficos se trataba -en origen- de un problema de procedencia de los profesionales de la infografía, en su mayoría de las escuelas de bellas artes. Sin embargo, y sólo por citar, tres de sus pioneros -que son leyenda ya- Peter Sullivan, Nigel Holmes y John Grimwade, algo así como la Santísima Trinidad de la infografía… ¡eran profesionales del arte! Pero eran, sin quererlo, periodistas. Y muy grandes.
El problema quizá estribe en no haber leído más que los títulos de las ¡veintiséis! pistas que da De Pablos (1999, 72 y ss.) sobre cuándo “infografiar”. Es más, casi se podría afirmar que las dos primeras son el detonante de demasiadas discusiones en las redacciones: “cuando no llega la foto prevista” y “cuando no se pudo fotografiar”. Son el abono ideal para que las especulaciones visuales florezcan –y ya sabemos que demasiadas plantas en una casa no son buenas- y amenacen con ahogar nuestras gardenias –los auténticos y genuinos gráficos periodísticos-, con nocturnidad –que es cuando nos enseñaron que las plantas consumen oxígeno- esperando a que los redactores jefes de gráficos regresen a casa orgullosos de su tarea.
En los cibermedios la cuestión ética cuenta con un inconveniente añadido, la necesaria inmediatez del mensaje [3]. En realidad no sería otro problema, sino el mismo problema de la caducidad de la actualidad que tiene el periodismo impreso, sólo que llevado al extremo. Sin embargo una buena planificación del trabajo permite que a medida que se obtienen y validan las informaciones el lector pueda disponer de ellas. elmundo.es “colgó” hasta ocho versiones distintas del infográfico a lo largo del 11 de marzo, según atestigua Alberto Cairo, jefe de la sección de gráficos interactivos.
De todos modos una cosa son los errores consecuencia de la especulación o los que se deben a una falta de rigor de las fuentes autorizadas, que explicamos más adelante, y otra distinta son los descuidos -de bulto y que no tienen porque ser ajenos a las presiones productivas- como dibujar trenes con ocho vagones (ABC) o con entre cuatro y cinco (La Razón), cuando constaban en realidad de seis coches (fig. 2) y era una información visual necesaria de partida.
 |
Figura 2. Un tren de La Razón, con cuatro vagones, y otro del ABC, con ocho vagones. Los convoyes estaban compuestos por seis coches en dos grupos de tres (cabecera-vagón-cabecera y cabecera-vagón-cabecera). |
· La especulación: traba productiva y rutina peligrosa Charles Blow, subdirector de diseño de The New York Times y hasta marzo de 2004 jefe de infografía del periódico, resumía el criterio de su sección en el axioma “ show only what you know ” (“muestra sólo lo que sepas”). Las características lingüísticas de la infografía complican la práctica de esta máxima. Las ambigüedades en lo visual son mucho más complejas. El acto de hablar o escribir de un coche indeterminado es sencillo, la representación –en el sentido peirceano - de un coche indefinido requiere eliminar toda la información visual que singularizaría el coche y convertirlo en un genérico. “[…] el propio carácter del sistema de significación dota a sus realizaciones concretas de un carácter de generalización (por ejemplo, la palabra /árbol/ no se identifica con ningún árbol en concreto). Por el contrario, en el caso de los signos que denominaremos de momento icónicos, éstos parecen apuntar no hacia categorías o clases de objetos, sino hacia objetos precisos, singulares y concretos ” (Santos Zunzunegui 1989, 61).
No fue hasta el día 12 de marzo cuando la policía proporcionó datos precisos de cómo era y cómo estaba compuesta la mochila bomba que se había recuperado del escenario de El Pozo. No iba a ser hasta la madrugada del 30 de marzo cuando la cadena de televisión norteamericana ABC (American Broadcasting Corporation) emitiese ¡en exclusiva! fotografías de la bolsa. Sin embargo todos los periódicos, excepto La Vanguardia, publicaban en sus gráficos del día 12 una imagen de la famosa mochila. No había fotos, no había explicación unívoca que permitiese reproducir un dibujo sin caer en la especulación. La muestra es que ninguna de las seis imágenes de la bolsa coincide (fig. 3).
 |
Figura 3. Las mochilas del 11-M, según los gráficos del 12 de marzo de 2004 en ABC, El Mundo, La Razón, La Voz de Galicia y El País. |
Fue como decir, y a pesar de que se desconocían los detalles descriptivos, que se trataba de una mochila de forma cuadrada, de dos asas, con un bolsillo en la parte delantera, con abertura de cremallera. Tal era el grado de detalle –aunque con un referente inventado- que buscaban las imágenes. En la edición del día 13 de marzo El Mundo , El País y el ABC sí recogían un gráfico (fig. 4) construido a partir de los datos visualmente traducibles que sirvieron las fuerzas de seguridad. La credibilidad, no obstante, había quedado en entredicho.
 |
Figura 4. La mochilas del 11-M, en el gráfico del 13 de marzo de 2004 en El País. |
Pero el problema de haber reproducido una imagen totalmente inventada de la mochila bomba tiene gradaciones de gris. En primer lugar es mucho más cuestionable, desde el punto de vista ético, representar una mochila con un altísimo grado de analogía –aunque especulada, insistimos- en la que se ubican y explican las partes del mecanismo de la bomba; que presentar una mochila que ilustra y no explica. La primera cuestión es el caso del ABC , El Mundo y El País ; el segundo, el de El Periódico . En segundo lugar, el nivel de síntesis o de detalle del dibujo vuelve más ilícita la imagen del gráfico de ABC , El Mundo , La Voz de Galicia o La Razón , que la de El País , por ejemplo.
De igual modo la imagen de la furgoneta de los gráficos del 12 de marzo es mera especulación. No se conoció el modelo del vehículo –una furgoneta Renault Kangoo- hasta el propio día 12, sin embargo los gráficos de El País y El Mundo se “arriesgaron” a dibujarla –ninguno acertó con el modelo- y lo que es más alarmante, en el gráfico de El Mundo se ubican los detonadores y las cintas del Corán dentro del vehiculo, localización puramente inventada (fig. 5).
 |
Figura 5. Cuando aún no se sabía el modelo de la furgoneta que la policía encontró con detonadores y cintas del Corán en Alcalá de Henares, El País y El Mundo publicaron una imagen -inventada- del vehículo. |
· Información sacralizada y fuentes autorizadas
Además de los errores motivados por las especulaciones visuales, nos encontramos con otra categoría de deslices -más habitual de lo deseado- que derivan de la falta de cuidado periodístico de las propias fuentes autorizadas. Todos los medios que especifican los trayectos -El País, El Mundo, ABC, La Voz y La Vanguardia- coincidían: el tren de la calle Téllez venía de Guadalajara. Consultaron la misma fuente, la única autorizada. Sin embargo los vagones de los convoyes que vienen de Guadalajara tienen dos plantas. Los diarios dibujaron el tren de El Pozo como el que tenía dos pisos, porque las fotografías e imágenes de televisión así lo mostraban. Ninguno se planteó que Renfe se hubiese equivocado al comunicar los orígenes y destinos. La empresa nacional de ferrocarriles corrigió esa información en días posteriores: el tren que venía de Guadalajara era el de El Pozo [4].
El problema estriba en que las propias rutinas productivas, que permiten el funcionamiento y el dinamismo de los medios, se conviertan ellas mismas en rutinas. Es la rutinización (Túñez 1999, 149 y ss.). Cuando los departamentos cuentan con unos recursos humanos y tecnológicos bien dimensionados, las presiones productivas se alivian, con lo que estos errores periodísticos derivarían de la sacralización de las fuentes autorizadas, del abandono de la técnica de la doble comprobación (Colombo, 1997, 37), del desvanecimiento de la figura del gatekeeper . Nadie dudaría de la honestidad de un redactor cuando transmite una información que, por iniciativa de él mismo, obtiene de una fuente autorizada. Sin embargo lo que se podría poner en duda es su función como mediador. L a información, aunque relativamente buena en términos de honestidad, no fue filtrada, madurada, contrastada o comprobada a través de otras fuentes.

· Analizar o ilustrar según el contexto informativo
· La perspectiva ética
· Los escenarios y la secuencia
· La organización y los recursos
· Los gráficos como fuente documental
· Bibliografía
 |