La infografía especializada: la ciencia y la salud


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· La especialización: tan necesaria como ilusoria
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Actitudes profesionales
Las características generales del periodista especializado, sus actitudes profesionales, son aplicables al infografista especializado; aunque en términos reales, considerando las especificidades productivas de la infografía, se concretarían básicamente en la búsqueda del mayor rigor informativo con arreglo a una profundización constante en el área de conocimiento, el control directo de las fuentes personales y documentales, y –dada la implicación didáctica de la infografía- su constitución como referente pedagógico.
Aunque el término especializado lo estemos empleando para referirnos a la aplicación concreta de la periodística a una parcela del saber, se podría decir que la infografía científica implica una doble especialización de los profesionales: la informativa y la técnica. Al infografista de ciencia se le reclama, además de su capacitación como periodista especializado, las específicas competencias técnicas para la producción de gráficos: tanto las que conciernen a sus aptitudes como comunicador visual, como las que atañen a la parte puramente productiva –habilidad para el dibujo o para el manejo del software pertinente-. Nos encontramos, pues, con un profesional que además de tener la capacidad de estructurar visualmente la información y realizar los dibujos, ha recogido, seleccionado y validado cada uno de los datos a partir de sus conocimientos en el área y aplicando la metodología periodística.
Si ya en la infografía generalista se reclama que sean los infografistas quienes documenten sus gráficos, con más énfasis en la especializada. Como siempre, puntualizamos: en los comienzos de la difusión de los gráficos en la prensa eran los redactores quienes documentaban tanto su reportaje como la infografía. Suya era también la iniciativa de lo que se podía convertir o no en gráfico. Sin embargo tal circunstancia no se debía más que a una cuestión de economía de recursos. No vamos a afirmar que sea asunto totalmente superado, pero sí que esa es la tendencia.
La pertinencia de que sean los infografistas quienes controlen la documentación la pone de manifiesto un ejemplo reciente. El lunes 16 de agosto de 2004 se publicaba en The Journal of Experimental Medicine la investigación de un grupo de científicos españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El trabajo demostraba cómo las estatinas, fármacos que se utilizan para reducir el colesterol de la sangre, podían actuar como antirretrovirales, impidiendo la replicación del VIH –virus de inmunodeficiencia humana- en la célula. El proceso era tan complejo que era obvia la necesidad de un gráfico y así lo consideró la sección de interactivos de elmundo.es . La redactora acercó el estudio al infografista y ambos trabajaron en paralelo: el infografista se ocupó del proceso y la reportera del contexto de la investigación y sus consecuencias. El hermano mayor de elmundo.es , el diario El Mundo, también consideró oportuna tanto la información como la necesidad del gráfico, con la salvedad de que en este caso el infografista dependió de la explicación y del extracto del redactor. El resultado: a un lado una correcta explicación visual de la información y al otro un gráfico confuso e incompleto.
Quesada reseña entre las características opuestas del periodismo especializado respecto al generalista la quiebra del periodismo de declaraciones: uso y abuso de las fuentes documentales frente al uso y abuso de las fuentes personales. En la especialización en ciencia, por su condición de herramienta fundamental de divulgación, la explicación concreta de los hechos, del contexto en el que se desarrollan y de las consecuencias sociales del avance-descubrimiento-puerta abierta-advertencia-experimento o lo que fuere el leiv motiv debiera ser el eje de los informes. Por ello las fuentes documentales son piedra angular de los reportajes escritos o de los gráficos y el diálogo con las fuentes personales la consulta con el “profe”, la clarificación de conceptos oscuros, imprescindible para formarnos, pero no para informar. Sólo en el periodismo escrito –en ocasiones puntuales en la infografía- y sólo cuando por el calado social de la información y la relevancia como experto de quien emite una reacción ante los acontecimientos sobre los que informamos, la declaración se convertiría en noticia.
La infografía especializada, sobre todo en ciencia, por su potencialidad didáctica, debiera aspirar, con rigor, corrección y concreción, a constituirse en referente pedagógico. Si son pues las explicaciones visuales y la visualización de la información, como señalamos, herramienta imprescindible tanto para el avance científico como para la divulgación del conocimiento, se muestra natural el objetivo de que se conviertan en parte fundamental de la enseñanza científica. Por experiencia, observación y lógica: cuanto mejor documentados y mejor reflexionados, los gráficos resultan más demandados; y si lo observamos a través del crudo prisma empresarial cuanto más demandados, producto más apetecible, y en qué mejor contexto que en el de la poligamia de la industria editorial.
Como periodistas especializados, los infografistas deberían participar en la elaboración de la agenda temática de las secciones, la que directamente influye en la agenda del medio. Sin embargo los condicionantes productivos derivados de la doble especialización reseñada translocan a un segundo plano tal intervención. Es una cuestión física, para un óptimo equilibrio de los recursos productivos, la formación en el área, la documentación y la realización de los gráficos se priorizan respecto a la tarea de modelar la agenda de los departamentos –en nuestro caso de ciencia o de salud-. No significa esto que los infografistas pierdan la capacidad de decidir qué informaciones de la agenda son susceptibles de convertirse en gráfico, tal medida debe ser siempre suya; es sólo que en el proceso de tematización –e insisto, desde el punto de vista de la economía de recursos- su rol es, por el momento, secundario. Son cuestiones meramente organizativas.
Obviamente los infografistas proponen o trabajan contenidos de su propia agenda, pero el volumen de temas aportados por los redactores será siempre mayor por cuestiones productivas: mientras que un redactor puede elaborar –seleccionar, documentar, comprobar, contrastar y escribir- incluso varias informaciones semanales, es complicado que un infografista procese -con el mismo rigor informativo- más de un gráfico a la semana.

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